#
- Era ya el último día... La noche anterior no pude dormir del miedo que sentía, el miedo de volver a estar sola... Decidimos dormir, y acordamos en levantarnos temprano.
- Mi amor, cuando suene el despertador no lo apagues como hacés siempre, sino nos vamos a dormir y vas a perder tu micro! dije, como si realmente eso me importara, estaba claro que no quería que te vayas, NO QUERÍA... Nos acostamos, te dormiste yo fingí hacerlo también, pero no pude... Mientras vos dormías, yo te abrazaba fuerte, como tratando de impedir algo, te abrazaba como queriendo no soltarte NUNCA más, y que te quedes a mi lado para toda la vida... Cosa imposible, pero sin embargo, no podía ni quería volver a acostumbrarme a estar nuevamente lejos tuyo... Así estube toda la noche...
El despertador sonó a las 9:00 am, lo escuché claramente y aunque éste estaba a mi lado ni me esforcé por intentar apagarlo... Sonó por un rato, hasta que lo apagaste vos... Te despertaste y me llenaste de besos, de esos besos hermosos y únicos, como de costumbre, los sentía, pero no quería abrir los ojos... Exactamente en unas cuatro horas ya no te iba a tener más, y como una nena caprichosa, me quedé en la cama por un rato más, sin ganas de levantarme, hasta que lo hice... Me levanté, prendí mi primer cigarrillo antes del desayuno, como siempre, pero creo que en dos minutos ya lo había terminado... Estaba tan nerviosa... Vos hacías tu bolso y yo lavaba los platos de la noche anterior, y mientras pensaba que porqué teníamos que volver a separarnos?, una y otra vez más...
Cuando terminé, me senté y te observaba, mientras seguía fumando un cigarrillo tras otro... Me paro, vos que caminabas de acá para allá por cada rincón de la casa, y yo, que te seguía atrás, como suplicándote en silencio que no te fueras, sentía un dolor inmenso en mi pecho, y aunque no me gusta llorar, no podía evitarlo, no podía contener esas lágrimas que se me escapaban... El tiempo corría y la hora estaba llegando, hasta que ya no aguanté más, porque ese dolor ya me estaba matando, te abracé fuerte y llorando te pedí que no te vayas... Hubo un momento de silencio, ya que ambos sabíamos que era algo ilógico lo que estaba pidiendo, me miraste a los ojos, secaste mis lágrimas... - No llores Gorda, sabés que te amo! ; me dijiste como tratando de consolarme... como queriendo curar algo que no tenía cura. Me quedé así por unos minutos, entre tus brazos, hasta que llegó la hora de tu partida...










0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada